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Pasaron los años, y como consecuencia inevitable, de este bucle de miedo y negatividad; mi vida colapso en casi todos los aspectos posibles.  Y entonces, una fuerte necesidad de cambiar se activó dentro de mí, y entendí que el único camino era transformar mi mente. ¿Pero cómo hacerlo?

Entonces, hice terapia tradicional, terapia holística, meditación, lecturas, cursos, etc. Y realmente todo me ayudo, pero sentía que me faltaba, aún no podía descifrar mi mente ni lograr el cambio que quería. Cada día, en mis meditaciones y oraciones le pedía a Dios que me ayudara a cambiar y a tener una vida con propósito.  Luego, como respuesta a mi deseo y plegarias, encontré a Marisa Peer y tuve la oportunidad de certificarme directamente con ella en su colegio de RTT en el Reino Unido. 

Y no exagero, porque en verdad, la parte de mi mente inclinada al saber científico hizo click con la lógica del método que sigue los pasos de la mejora continua que tanto usé en mi trabajo como Ingeniera especialista en competitividad y calidad.

Durante los dos años que estuve estudiando con Marisa, tuve la oportunidad no solo de aprender, sino también de recibir la terapia de parte de mis compañeras graduadas. Entonces, por fin pude entender todas las creencias limitantes que formé sobre mí misma, a partir de las vivencias de mi infancia, y mi mente de verdad se transformó. 

Ahora vivo una vida con propósito ayudando a las personas a salir de lo que yo llamo la cárcel de la mente, así como yo misma he salido. Además, he logrado integrar la ingeniería de la que tantas veces renegué, con elementos de la terapia RTT, a través de un método orientado a impulsar la competitividad de las organizaciones, al que he llamado Ingeniería humana.

Concluyo invitándote a reflexionar sobre esta frase: No puedes transformar tu vida, sin antes transformar tu mente.

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Sobre mi

Desde niña todo me daba miedo, y al crecer, la inseguridad y la ansiedad se apoderaron de mi mente y de mi vida. A los catorce años inicié una búsqueda incansable por entender la mente humana a través de lecturas que se quedaban en mi intelecto, pero que no lograba incorporar en mi sentir y menos en mi actuar.  Entonces, quise estudiar psicología; pero mi subconsciente saboteador me llevo a la ingeniería.  Con los años, me vi presa de una vida que me costaba vivir, luchando contra situaciones que me hacían daño, pero que era incapaz de cambiar: trabajos que no me gustaban, relaciones sentimentales llenas de dependencia y abuso psicológico, problemas económicos por adicción a las compras, condiciones de salud que los médicos no lograban resolver, y una voz en mi cabeza que siempre me estaba mostrando el lado oscuro de mi vida.  

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